Buscar

medusa creativa

Diario De Poesía

28

Esa fecha es mi cruz, mi karma,

me acompaña sin prisa, cual sombra ocultándose de la luz.

Camina a ciegas “aunque espectador”, otorga a mis palabra Tinto sabor.

Dentro de poco sube otro escalón,

un camino empinado, interminable, caminando hacia la nada, otra historia sin final,

llanto, risas, enfermedad.

Hay sueños que desempolvar, hay que echar la cuenta atrás,

regresar al pecho de mi madre, a mi sensibilidad.

 

¡Despierta… Esos momentos no volverán!

En recuerdos quedarán.

Es tiempo de continuar ¡Vamos!

Da el salto hacia el más allá.

DRAMA-TURGO

Escritor frustrado, tú, que te jactas de tus letras,

enséñame la verdadera esencia de tus actos.

¿Acaso escribes para drenar tu odio malsano o pretendes entrometerte en un grupo de letrados?

Aguanta tus impulsos, tu egolatría, escribe sin pensar que es poesía,

no hagas de la rima tu excusa para apaciguar tu ira.

Sé realista, envenena el papel sin hipocresías,

desolla el cuerpo de tus victimas, de los críticos teatrales a quien tanto temes.

Sumérgete en el profundo elixir de amar a las mujeres: Invoca a Medea,

Seduce a Safo sin llegar a ningún lado.

Más al que quieras llegar,

dramaturgo ignorado.

El espectador (Catarsis)

Sigo tus pasos, huelo tu aroma cuatro cuadras atrás,

Me deslizo suavemente entre calles ajenas, se han borrado tus huellas,

Te quiero encontrar.

Me has visto pasar, me adelanto un instante para disimular. El terror de mirarte  me hace sonrojar.

Des que te vi en el teatro supe que eras a quien me debía entregar:

Tu actuación impecable, tu dominio vocal.

¿Acaso te inspiraste en mi en el papel a interpretar?

Desdoblaste mi alma, me hiciste llorar,

nos amamos cien años en ese lugar especial.

Te vigilo de cerca, no me hago notar,

espero que nuestros cuerpos se reconozcan mientras veo la obra acabar.

Señora Guillén (La Historia de la playa)

La señora Guillén tiene miedo de mojar sus pies en el mar,

Decía que así evitaría algún día morir ahogada.

 

Una vez soñó que podía respirar bajo el agua, el paisaje a su vista era espeso como niebla,

el mar era turbio, golpeado por la tormenta. Veía descender hasta el fondo un barco de pasajeros, hecho pedazos bajaba hacia su cementerio mientras los cuerpos reposantes, como almas iban subiendo.

La Sra. Guillén duerme siempre de lado para no ahogarse en un sueño, coloca pastillas de alcanfor en las cuatro esquinas de su habitación para que no la molesten los muertos.

La Sra. Guillén es alta, de piernas flacas y senos pequeños; usa labial escarlata y lápiz de ojos negro. Sombra de ojos nocturnos y un lunar tatuado en su mejilla que duerme taciturno.

Es una viuda beata de plaza,

Fuma cigarrillos mientras su vida pasa.

Le gusta echar los cuentos de Don Guillén: Historias ficticias de un actor con sangre monárquica. Un perseguido de guerra en una película romántica.

Un hombre que fue suyo en cartas, en recortes de periódicos, un viajero de mundo, un hombre sin rumbo.

La Sra. Guillén observa el movimiento de las olas sentada, su cara se deforma en una sonrisa falsa, hace gargaras de brandy y tose las penas y el olvido, se levanta siempre mientras se sumerge en un cigarrillo, balbucea sobre dejar el vicio.

Camina sola por la orilla, aunque va hablando conmigo.

El acto roto

Sube, estalla mi naturaleza, me lleva al cielo y al suelo con ligereza,

Es hora de romper mi cabeza.

Luego de amarnos sin máscaras, acabamos viéndonos sin cara, solo resplandecen las luces de la aturdida realidad en la que vivimos tratando de escapar.

Con más fuerza finjo, me reprocho y me obligo, “más fuerte” ;patrañas,

de tato querer ser ¡No sé quien soy!

Por eso me es imposible mirarme en el espejo,

pues mi ausencia de amor propio se deforma hasta acabar hecha mierda.

Me niego el amor, digo que no lo merezco aunque lo pido a gritos entre silencios

y gestos, entre las amarguras de amarnos sin techo, queriendo ser y no siendo.

Por eso rompo los espejos.

 

En cada nuevo ataque violento a mi humanidad, es que pido y exijo y de la que tanto carezco,

Me cuesta tanto reconocerme en el reflejo,

Si acaso me maquillo, muy poco me peino a cambio de no tener que hacerlo…

Veo en los cristales las cicatrices del tiempo, no las de la piel, sino las del recuerdo de nuestros besos, y en el momento más feliz de ese sueño:

Los lanzo al piso… Malditos espejos.

 

La última hora

Tarde la hora en la que habría de descubrir la verdad de tu mirada perdida en aurora,

Conservas bien los recuerdos y memorias de melancolía, de cabellos rubios y sonrisas,

bailes, juegos de azar, sexo y sueños de eternidad.

Tu piel se camufla entre  paredes de hospital, tu voz yace guardada, conectada de un tubo para respirar, todo se desvanece, como las huellas en la arena en la crecida del mar.

Juegas a las muñecas, las vistes, las peinas, como solías peinarme antes de ir a la escuela.

Hoy peino tus raíces a la almohada, hoy caen lágrimas sobre tu cara. Tu corazón late prisionero de sus deseos, aumenta el ritmo de mi desespero.

Verte morir no puedo, me aferro a tus manos temblorosas, me acurruco en tu aroma de muerto.

Madre mía, te amo.

Te quiero.

A oscuras

De nuevo nos ha tocado vivir del temor,

las casas permanecen a oscuras, aunque afuera se escucha el clamor.

El pueblo se ha despertado, se ha alzado la voz,

piden por sus derechos, a aquél quien se los arrebató.

Hemos perdido esperanzas, hermanos, y lo que nos mantiene es el hambre en las panzas.

 

Un fuego que arde, aplauso de cañón,

columna quebrada en llanto, ciego y sordo el mundo ante nuestros actos,

engañados por la televisión.

 

Las casas permanecen a oscuras,

Aunque afuera se escucha el clamor.

El aplauso del caido

Anoche me levanté sudando,  los calores nocturnos nuevamente de mi se habían apoderado.

En mar habíanse convertido las sábanas, y entre la fiebre alta mi cuerpo naufragaba.

Cuántos delirios de muerte ahora rondaban, la habitación se expandía… O se reducía mi panorama.

Alcanzo a ver las pastillas del otro lado de la cama, mi mano se desliza sobre la almohada; un espasmo, agudo y sin fin… Se escuchan los aplausos, los oigo venir.

Abajo el telón dorado, altar caoba, caja de marfil,

Se escuchan los aplausos, los oigo venir.

Del amor entre Susana y Jericó (Parte 1)

De tanto querer mudó de piel,

Hoy se ha levantado de la cama un poco entumecida con una leve sensación de estupor.

Sus dedos se deslizan junto con su ropa interior,

La calefacción de la ducha hierve sus pasiones,

Se enjuaga lentamente el olor de los hombres; Sus sienes fruncidas,

De ojos desorbitados y eyaculaciones.

 

Susana gime con calma, manteniendo en su imaginación los pechos livianos de su amada Jericó,

Su olor a flores marchitas asfixiadas por el calor,

Su sonrisa melancólica,

Sus labios ardiente pasión.

 

Se derrite en el baño salando sus recuerdos,

Jericó no ha vuelto,

Despareció en un incendio de deseo, de llantos y de misterio, después de aquél suceso.

 

Continuará-.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑